lunes, 2 de enero de 2012

Descubrir a Dios en la angustia

DESCUBRIR A DIOS EN LA ANGUSTIA
(Reflexiones del Padre Juan Jaime Escobar )

Voy a comenzar con una poesía de Miguel Hernández, el gran poeta español. Dice así: <>.

A quién no le ha llegado alguna vez el dolor, quién no ha sufrido?. Sófocles advierte al final de su bellísima obra Edipo rey, que nunca deberías llamar a nadie feliz, hasta que no conozcas su último día, porque puedes pensar que todo le sale bien, que es feliz, puedes pensar que alguien nunca ha tenido reveces, que no ha tenido dificultades, y sin embargo hasta que no conozcas su último día, no sabrás realmente la respuesta, porque a todos, lo cierto es que tarde que temprano, nos llega ese perro fiel pero importuno de la pena, del dolor.

A quién no le ha llegado el dolor?, uno siempre piensa a la larga que nadie sufre como uno sufre, uno mira a los demás y hasta a veces termina deseando la suerte de los demás, esos que tienen un matrimonio que funciona, ésos demás que tienen dinero en la casa, que tienen trabajo, tienen los padres y los hijos vivos, ésos demás que no tienen un drogadicto en la casa, que tienen salud. Y uno siempre piensa que es uno el hombre o la mujer del dolor, que es uno el que sufre y que a los demás pareciera que les va mejor en la vida, que el día que repartieron las suertes de la vida a uno le toco el dolor y a los demás el descanso, a uno le tocaron las lágrimas y a los demás la alegría. sin embargo, lo cierto es que nosotros somos los demás de los demás y por eso nosotros somos ésos que los demás creen que no sufren, y que nosotros aquí adentro, adentro sabemos que también sufrimos, porque díganme ¿quién no conoce el dolor, las lágrimas, el sufrimiento?.

Todos los que estamos aquí nacimos un día desnudos, cubiertos de sangre, llorando, con frío, bienvenidos a un mundo con demasiado sufrimiento y desde entonces hasta hoy, nada ha sido realmente fácil, todo ha costado, todo en el fondo es difícil, este mundo es el de la dificultad, en el que la gente crece a través del sufrimiento, nosotros crecimos en él: nacimos llorando, aprendimos a caminar cayéndonos sobre nuestras rodillas y estrellando nuestro mentón contra el duro piso, entre lágrimas nuestros papás nos reincorporaban y nos decían: sea machito mijo, sea verraquita mija, camine un pasito más, y tuvimos que superar las lágrimas y los miedos para andar los primeros pasos de la niñez. Luego aprendimos a correr y a jugar, llegando con las rodillas rotas donde nuestra mamá para que nos las limpiara con mertiolate, nos diera sus cariños y un poquito de agua oxigenada, mientras a nosotros se nos asomaba una lágrima por el ladito del ojo.

Luego no fue fácil separarnos de casa para ir a estudiar, no fueron fáciles los años del colegio, aunque cuando uno mira para atrás a uno le parece que los problemas del colegio no eran problemas: que si unos sacaba uno, que si no llevé la tarea, que si la profesora me regañó… ahora a uno no le parece que esos son problemas al lado de la dificultad que trae la vida adulta, sin embargo, recuérdenlo bien, cuando uno tenía siete años, esa nota que enviaban a la casa o esa calificación baja, eran suficiente dolor para llenar de lágrimas el rostro del niño o la niña que un día fuimos.

Y cuando fuimos creciendo un poco más, abrimos nuestro corazón a la experiencia de los primeros amigos, las primeras amigas, y cuanta alegría y cuanto gozo llegaron con esos amigos de la infancia, que luego se volvieron los amigos de la adolescencia, para uno enterarse más tarde que a veces los amigos te hacen bromas pesadas, que a veces te dicen cosas que duelen, traicionan, que a veces te decepcionan y que también te pueden romper el corazón, cuantas lágrimas de adolescencia, cuando uno creía que estaba solo o sola, cuando uno creía que nunca una niña se iba a fijar en uno o que un muchacho nunca se iba a interesar por uno.

Al fin terminó la época de colegio y cuando uno creía que había tocado el cielo con las manos, venía la dificultad de la época de la universidad o del trabajo, cada hijo que hemos traído al mundo, ha llenado nuestros ojos de lágrimas de alegría y de tristeza, acaso le duele a mi hijo una muela sin que me duela a mí, acaso se enferma sin que yo me enferme y tenga que guardar su sueño junto a la cama, a la larga toda la experiencia humana es dolor, creemos que los demás no sufren y que sufro yo, porque todos creemos que no podrá con la pena mi persona, circundada de penas y de cardos, y todos tarde o temprano llegamos a pensar, tanto penar para morirse uno.

Toda casa está pintada por la pena, toda vida está salpicada de dolor y aunque todos creemos ser los únicos en sufrir lo que sufrimos, en verdad todos tenemos la casa pintada de sufrimiento, es más, nunca consideren que el dolor de ustedes es más grande que el de los demás, ustedes no viven en el corazón de los demás. Cada dolor por minúsculo que se vea desde fuera es gigantesco vivido desde dentro, el dolor siempre se vive en la misma intensidad: la máxima, nunca hay dolores pequeños, tal vez los vistos desde fuera por quien no está sintiendo ese dolor, pero desde adentro el dolor se siente con la misma intensidad.

El caso del adolescente que llega con el rostro en lágrimas a la casa y lo esconde de la mirada escrutadora de la mamá, pero como la mamá se entera de todo y siente en el ambiente que a su hijo algo le ha pasado, insiste le toca la puerta, abre Federico, dígame qué le pasa y entra la mamá y lo vé con los ojitos rojos, mi amor qué le sucedió?, él responde: «no nada, no nada»; porque algo le dice que ella no entenderá. Y cuando ella insiste, al final el muchacho deja de tragarse las verdades y le dice: mamita lo que pasa es que Diana me pidió un tiempo, porque está confundida y yo sé que eso significa que me va a terminar, y estalla en llanto. y a uno le parece que ese llanto es tan tonto, al lado de que papá está sin trabajo desde hace cinco meses, al lado de la muerte de mi mamá que murió de un cáncer o del hermano drogadicto por el que no se ha podido hacer nada y entonces llego desde fuera y le digo: no le pare bolas mijo, que mujeres hay muchas. Y él desde dentro capta que yo le puedo querer, pero que no le puedo entender su dolor, porque el dolor siempre tiene la misma intensidad: la máxima.

El dolor no tiene estrato, en la vida cotidiana colombiana para enviar los impuestos y organizar nos hemos inventados la ficción de los estratos, los que sufren: 1, 2, más o menos tres y los que no sufren 4, 5 y 6. Realmente es así? No es así, todos lo sabemos, no importa lo hermoso que sea tu apartamento, está pintada por el dolor, toda existencia humana está pintada de sufrimiento y nunca digas que a ti no va a tocar el dolor, tal vez no te haya tocado todavía, prepárate y agarra fuerzas, porque cuando llegue, llegará con la intensidad con la que siempre llega: con la máxima. El dolor todo lo rompe, el ser humano es muy inteligente y ha hecho muchas cosas en técnica, ciencia, filosofía…. y sin embargo hay una sola cosa que el ser humano no puede soportar: la pena. Cualquier otra cosa la podemos explicar, por ejemplo los científicos nos pueden explicar cómo surgió el universo hace quince mil millones de años. Pero por qué sufro, por qué me tocó lo que me tocó, por qué a mi hijo le pasó esto, por qué mi mamá, por qué mi esposa, por qué a mí, por qué mi casa. Para esa triste pregunta no tenemos respuesta, siempre el dolor nos vence, todo lo rompe, todo lo destroza, no deja nada en pie, no importa que bien construido tengas todo, tienes una familia preciosa y cuando llega el dolor en forma de enfermedad, droga, secuestro, suicidio… y esa vida preciosa se rompe en mil pedazos.

Recuerdo que hace varios años nos conmovimos muchísimo con una familia, eran muy pudientes, estaba conformada por papá, mamá e hijo, una familia hermosa, todo funcionaba maravillosamente bien, un hombre trabajador, bueno, amante de su esposa, un hijo maravilloso que había estudiado hasta ése momento en un buen colegio y había sacado siempre las mejores notas, estaba en grado séptimo, también bien plantado, y una mamá querendona, maravillosa. Todo estaba bien, hasta un martes del mes de mayo, esa noche la familia comió junta como lo hacían todas las noches, se despidieron después, la mamá fue a la pieza del muchacho, le dio un beso y lo acostó, y se fueron papá y mamá a dormir a su habitación, a eso de media madrugada ( tres de la mañana) el papá se despertó sobresaltado y encontró muerta a su lado a su esposa, de un infarto que no le dio ni siquiera oportunidad de avisar, el recuerdo del muchacho era el de su papá con la mamá en brazos, golpeando la puerta de su habitación y diciéndole: mijo despierte, su mamá se nos murió. Y se nos rompió la perfección, el muchacho nunca pudo volver a sacar buenas notas, terminó saliendo del colegio y comenzó a meter droga y el papá tomando trago. Nunca llames a nadie feliz, cuando el dolor llega, todo lo rompe, no deja nada en su sitio, todo lo hace mil pedazos, rompe nuestras relaciones con los demás, nos podíamos amar hasta algunos minutos, pero cuando llega el dolor que difícil quererme con los demás, no me digan que hay veces que ustedes sienten que nadie puede entenderles el dolor y cuando hay alguien que te ama y busca interesarse por ti, tu le dices, no nada quiero estar solo, porque el dolor rompe las relaciones, rompe el éxito profesional: cuantos eminentes profesionales que colapsan cuando llega el dolor.

Uno de los grandes hoteles de Medellín guarda una historia triste. Había una bellísima modelo en Medellín que había triunfado, reconocida en revistas, la llamaban de todas partes, pero cuando al pasar de los años como se hizo tan reconocida ya la llamaban poco y buscaban mejor a niñas más jóvenes, con imágenes más frescas y ella que llevaba una vida bastante cara por la ropa y su imagen, y como ahora era llamado poco, lo último que hizo fue tomar su carro, ir a un hotel de la ciudad, alquilar una habitación, subir a uno de los últimos pisos y lanzarse al vacío, porque el dolor rompe el éxito profesional, rompe nuestra confianza en los bienes materiales. Cuando tu hijo se está meriendo de que sirve tener una acción en un club, de que sirve una narcotoyota parqueada afuera de la puerta de la casa, o tener no sé cuantas cuentas corrientes, si nada puede comparar, ni un minuto de vida para tu hijo que se está muriendo, entonces se nos rompe nuestra fe en las cosas, en las que hemos muchas veces puesto la esperanza de una vida feliz, pero de qué sirve si mi esposa se está muriendo o mi mamá se está despidiendo de la tierra.

El dolor, rompe nuestra fe en nosotros mismos, porque uno está acostumbrado a confiar, en sus capacidades, en su inteligencia, en su solidez, seguridad. Es más la adultez nos lleva a confiar en nosotros mismos. Por ejemplo, cuando uno se estrella en el carro uno aprende a tener miedo, antes parecía Juan Pablo Montoya, pero cuando algo malo sucede uno aprende a desconfiar, cuando me roban, se rompe la fe en nosotros mismos, en los demás, por culpa del dolor, cómo volver a creer en los demás cuando nos engañan. Cuando alguien me decepciona cómo volver a creer en él. O a las mujeres cuando son engañadas por el hombre de su vida les cuesta volver a creer en el amor, por eso no es extraño que muchas mujeres decidan no volverse a enamorar, decidan volverse las eternas amantes de su hijo o de su hija con el único deseo de sacarlo a él o a ella adelante, renunciando para siempre a un hombre, porque los hombre siempre engañan (dicen ellas) porque los hombre te prometen parajitos preñados y después lo dejan a uno preñado (dicen ellas).

El dolor rompe la fe en las demás personas, en la vida, todo niño que llega al mundo llega con ganas de vivir, por eso extiende las manitos para conocer el mundo y por eso llora puntualmente a la hora del hambre, porque quiere vivir, saltar, cantar, gritar, queriendo ir al colegio, queriendo aprender las primeras letras, queriendo leer, pero a medida que va pasando la vida y se va encontrando con el dolor, uno de las cosas que va perdiendo es las ganas de… correr, cantar, escribir, leer, estudiar… qué hay detrás de la pereza de un adolescente por estudiar?, vas al colegio y te dicen: Federico no lee. Usted va a la casa y le dice: amor por favor estudia, toma un libro… pero las tareas pesan, los libros pesan, por eso ha descubierto a los 13 años que la vida no es tan entretenida como se la habíamos pintado. Tal vez una novia por un instante le vuelva alumbrar el firmamento y le vuelva a dar ganas de vivir, al menos pa’ la novia, que hay si se arregla y sale feliz; pero cuando esa muchachito lo despache o cuando se entere que Natalia se encarretó con Sebastián, sabrá que ahí tampoco se escondían las ganas de vivir y muchos adolescentes hoy en día piensan que no vale la pena vivir la vida. Hoy la gran mayoría de suicidios son de menores de 20 años, porque el dolor rompe nuestras ganas de vivir.

El dolor rompe la esperanza, el principio, la fortaleza, la fuerza que mueve en el fondo la vida es la esperanza, uno se levanta en la mañana con la esperanza que el día de hoy será mejor, todos tenemos esperanza, la esperanza es la energía que mueve un corazón, un pueblo, que mueve a la humanidad, por esperanza se elige un presidente, por esperanza seguimos adelante, pero cuando llega el dolor se rompe la esperanza y uno ya no cree que el mañana va a ser mejor y tanta gente habla hoy en día que el futuro va a ser oscuro, de que para qué, el mañana va a ser peor que el hoy, va a haber más violencia, menos agua, más pobreza, la economía colombiana se va a hundir y se rompe la esperanza, el dolor rompe la esperanza y el amor, que difícil amar a una persona adolorida, uno intenta llegarle pero la persona está enconchada en su dolor y uno intenta arroparle, consolarle, alegrarle pero la persona no se deja y por eso la gente que sufre muchas veces se queda sola, porque se le extingue la capacidad de amar.

Y por último, el dolor nos rompe la fe en Dios, uno llega a creer que Dios no se acuerda de nosotros, por qué a mí me pasa esto, porque precisamente a mí y entonces uno llega a pensar varias cosas: o que alguien allá arriba en el cielo está repartiendo dolores y alegrías y a mí me repartió los dolores, a otros les repartió las alegrías. Y uno se pregunta: hey hermano con qué criterio usted reparte las cosas? Acaso yo no le voy a sus misas? Hey pero contéstame pues: ¿no he comulgado, no hice la primera comunión con fe, no te he rezado el rosario y por qué me sales con estas?. Y uno protesta contra Dios: ¿por qué esta repartición de dolores tan poco equitativa, por qué la ley del embudo: a otros tantos y a mi tan poco?, a otros tan poco dolor y a mí tanto. O lo segundo que uno llega a pensar, es que tal vez Él no me lo mandó, pero dónde estás cuando te necesito: a ver dime, contéstame o tu crees que yo puedo con este dolor solo, dónde estás para que me cargues, para que mes sostenga, me des ánimo, me cures, para que recompongas lo roto, para que traigas al que se marchó? Dónde estás?. Pero nos contesta el vacío de los muros de nuestra casa y él no responde entonces uno llega a pensar que nos abandonó. La mayoría de la gente pierde la fe por culpa del dolor.

Se dice que Jean Paul Sartre, el filósofo Francés, perdió la fe de una manera muy llamativa, fue una cosa muy curiosa, cuando él estaba pequeño se metió al baño e hizo una travesura, parece ser que hizo un pequeño incendio y él dice que en ese momento sintió que Dios lo estaba mirando y culpando de lo que estaba haciendo y por tanto en ese momento tomó la decisión de no volver a creer en Dios, hasta el final de su vida. En una de las últimas entrevistas que concedió, la periodista le preguntó: ahora al final de su vida, usted todavía se considera ateo, y él respondió algo muy bello: sí por principio filosófico yo no puedo creer en Dios, pero ojalá no fuera así, para no morir con la angustia con la que muero.

Cuantos niños cuando son pequeños no les cuesta para nada creer en Dios, juntico a la cama, las manitos pegadas, orando, te pido por papito, te pido por mamita, bendice a mis hermanitos, es el mundo maravilloso de la fantasía, de los niños pequeños a los que protegemos del dolor, porque si ustedes se fijan, la labor de padres, maestros y mayores, la labor que mejor desarrollamos en la edad en que los niños están creciendo, es protegerlos del dolor, hasta les doramos la píldora, logramos llegar a suavizarles las noticias, en vez de decirles que la abuelita se está muriendo, le decimos que la abuelita está un poquito malita, en vez de decirles que la abuelita se murió les decimos: la abuelita se fue para el cielo, en vez de decirles que el papá y la mamá no se quieren, se van a separar y el papá tiene otra, le decimos: mi amor, papito y mamita se van a tomar un tiempo, papito tiene problemitas, mamita también, lo que mejor hacemos es proteger a los niños del dolor, pero cuando dejan de ser niños, cuando los vemos fuertes por fuera, cuando vemos que se les estiran las piernas y se les agranda el tórax, cuando creemos que ya son capaces de resistir el dolor, entonces dejamos de suavizarles las noticias, la abuela se murió y se murió porque no la atendieron bien los médicos y su tía está enferma de cáncer y esta vida es una porquería, y su papá me dejó por otra, y no hay trabajo, y este país se lo llevó el que sabemos, y hay un montón de violencia y este país está acabado…

Y todas esas noticias llegan al mismo tiempo con el examen de álgebra, con el de geometría, con la niña que no le para bolas, con el muchacho que jugó con su amor, entonces se le rompe Dios, este mundo no era precioso, este mundo no era maravilloso, este mundo duele, umbrío por la pena y pena es ayuno, cuanto penar para morirse uno. Se le rompe el corazón y por eso el dolor es la experiencia angustiosa de la ausencia, también Jesús lo sintió.

Nos dice el profeta Isaías, miran que muy posiblemente esto se podría decir de cualquiera de nosotros, “mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho, como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, no tenía aspecto humano, así asombrará a muchos, ante él los reyes cerrarán la boca al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito, creció en su presencia como un brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza, lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado, evitado de los hombres, varón de dolores, acostumbrado al sufrimiento, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado, desestimado, soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores, nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, él fue traspasado por las rebeliones, él fue triturado por nuestros crímenes, todos herrábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino y el Señor cargó sobre él todos los crímenes, maltratado, se humillaba y no abría la boca, como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca, sin defensa, ni justicia lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados del pueblo lo hirieron, varón de dolores” (Isaías 52, 13 - 53, 12)

También Jesús lo sintió, ustedes lo han escuchado muchas veces en la narración de la pasión, dice la narración de la pasión que “a medio día el cielo se cubrió de nubes y sobre todo el orbe se extendió una oscuridad inmensa y entonces Jesús mirando al cielo gritó…” piensen ustedes lo que significa en ese momento la vida para Jesús, tiene los brazos abiertos entre el cielo y el suelo, está ahí por amor, está ahí por haber predicado el reino de Dios, está ahí por haber anunciado las bienaventuranzas, está ahí por los milagros con los leprosos y por devolverle la vista a los ciegos, está ahí él que ha anunciado la verdad, en un patíbulo muriéndose, el que todo lo ha hecho por amor, está en el castigo más fuerte del imperio romano, muriendo como un esclavo, a las afueras de la ciudad, rechazado más allá de los muros, traicionado por su propio pueblo, olvidado por sus propios amigos, abandonado por los que unos días antes estaban con él y entonces mira a los cielos y los cielos están llenos de nubes, mira a los cielos y están encapotados, él también quiere hacer la pregunta que nosotros nos hacemos, él también siente que cuando llega el dolor quiere tener una respuesta, él también quiere tener la certeza de que Dios está con él, al fin de cuentas él había dicho que Dios era Padre y entonces mira al cielo y de sus labios sale un grito terrible: “Dios mío, Dios mío, por qué me haz abandonado?”.

Y no hubo respuesta, ustedes lo saben muy bien, al pie de la cruz las risas de los fariseos y algunos comentarios: hey está llamando a Elías y alguien dijo, tráiganle una esponja con vinagre a ver si viene Elías a auxiliarlo, pero nadie respondió. Lo que Él había dicho era el salmo 22, un salmo que quizás en momentos de angustia, muchos hemos dicho: “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?.no te alcanzan mis clamores ni el rugido de mis palabras, Dios mío de día te grito y tu no respondes, de noche te grito y tú no haces caso, en ti confiaban nuestros padres y tú los ponías a salvo, a ti gritaban y quedaban libres y no los defraudaste … pero yo soy un gusano, no soy un hombre, soy vergüenza de la gente, el pueblo al verme se burlan de mi, dicen: se confió al Señor, que lo salve si tanto lo ama, fuiste tú quien me sacó del vientre, me tenías confiado en el seno de mi madre, desde allí pasé a tu manos y tú fuiste mi Dios…”.

Sin embargo, la fe cristiana no es tanto una fe para la bonanza, los buenos tiempos, sino una fe para la aflicción, para el dolor, para la persecución, para la cruz. Les voy a dar una clave, ustedes saben cómo se escribieron los evangelio, uno cree que se escribieron en orden, es decir que in día se sentó Mateo empezó por la primera letra y terminó con la última. No los evangelios se escribieron al revés, porque al principio los primeros cristianos no vieron necesidad de escribir y el anuncio se transmitía con palabras, eso era lo que se llamaba Kerigma, el anuncio primitivo, la buena noticia de que el Señor resucitó. Pablo ve la necesidad de escribir porque las comunidades necesitaban un mensaje, a los cristianos que estaban sufriendo, porque no es fácil ser cristiano, porque lo que hay es dolor, rechazo (de los judíos, de los romanos), persecuciones, una fe que tiene que ser vivida casi en la clandestinidad para no ser ajusticiados, en medio de todo esto los cristianos se reunían los domingos a compartir el pan y recordaban una historia (Cuál historia fue la que recordaron?) , y lo primero en recordar fue la pasión y muerte de Jesús, se acordaron que yo sufro, él sufrió primero, se acordaron que a mí me duele, a él le dolió antes, se acordaron que yo estoy muriendo, él murió por mí, y escribieron los evangelios, no para iluminar la alegría, sino para iluminar el dolor, es una fe para encontrar la esperanza en medio de nuestra casa pintada de dolor.

Podemos descubrir a Dios en la ausencia, el dolor nos puede mostrar el rostro de Dios, recuerden la hora más oscura es la que está más cerca del amanecer, la casa pintada de dolor es también la casa pintada de esperanza. Tal vez sea más fácil encontrar a Dios en la alegría, en esos momentos de dicha…, pero vamos a descubrir a Dios en el dolor, en medio del vacío, las desgracias, el sufrimiento porque todavía tengo la esperanza.

Seguiremos el siguiente esquema: la visita del ángel del dolor, de trampas y evasiones es decir, entrar en el dolor de cada uno, luego todas las cosas que hacemos los seres humanos para jugarle sucio al dolor, para zafarse, las huidas, trampas que uno se inventa. Al final, no nos dejes caer en la tentación.

1. La visita del ángel del dolor

El dolor tiene muchos rostros y puede llegar de muchas formas, solemos creer felices a los demás simplemente porque son jóvenes o fuertes o bellos o exitosos o ricos. No sabemos de los dolores del alma que cada quien lleva por dentro, saben yo soy muy de malas, porque la gente me ve y me dice: padre usted muy bien no es cierto. Y tu que sabes. Uno juzga por la apariencia externa, uno ve llegar una persona rica y uno dice, este no sufre, es más a uno le da rabia que este no sufra: mira ahí llegó bien encopetada, bien peli morada, ahí donde la ve finca en no sé donde, una casa hermosa… a uno le parece que los demás no… mira aquel tan bonito, la niña maravillosa proporcionada, 92, 62, 102, es que así les gusta a los hombres, y uno dice estos no sufren, no como a uno que le tocó ser uno. Juzgando siempre desde fuera, pero tu que sabes, tú no estás adentro, tal vez vivo en el apartamento estrato 8, tengo piscina en la casa y qué… tengo un hijo con leucemia, a lo mejor me pido tu casa en el barrio de la comuna, pero tú tienes tu hijo sano, tú que sabes… todos tarde o temprano nos encontramos con el dolor.

Los rostros del dolor, miren voy a hablar de los diferentes tipos de dolor que hay, espero que no me falte ninguno, si me falta ustedes lo ponen, al padre le faltó este, porque a lo mejor el que me falta es el tuyo, claro porque nosotros inventamos los dolores de cada uno, uno llega: “hay mijo, usted no sabe”, ”todo el mundo dice, hay padre tan bueno usted siempre tan contento, pero usted no sabe”

Hablemos de los diversos dolores, primero el dolor estructural, el dolor por el solo hecho de ser seres humanos, este es un dolor muy impresionante, los filósofos existencialistas lo llaman el dolor de ser arrojado en el mundo y la angustia de asumir esa realidad que uno no pidió, quien de nosotros pidió nacer, ninguno, se le ocurrió a otros, tan graciosos no? …nos podían haber pedido permiso o autorización no?, pero no, nos trajeron a este mundo sin que nosotros lo pidiéramos, no solo eso, quién de nosotros pidió ser quien es, porque una cosa es que nos den la vida pero al menos nos hubieran dejado elegir, hubiéramos podido elegir, miren todas las cosas que hubiéramos podido elegir: hubiéramos podido elegir cultura, papá y mamá, familia, hubiéramos podido elegir sexo, rasgos, genética…
Quién se inventó el metabolismo?

Yo creo que cuando lleguemos al cielo si le vamos a hacer reclamo a Dios, y no voy a ser el único, eso va ser una fila, va a llegar el cocodrilo y le va a decir: muy bonita la bocota… va ir el elefante, y tu pa que me pusiste este moco tan incomodo… va a llegar la jirafa, el cuellito tan gracioso que se le ocurrió no?...van a ir los gordos… después va a ir la gallina y va a decir: no señor, arreglemos esto o me achica el huevo o me agranda el rabo pero así no puede ser. Es el dolor estructural, no pedimos vivir, no pedimos ser quienes somos, no pedimos tener nuestro carácter, no escogimos nuestra orientación sexual, no escogimos nuestra historia, nuestros padres, nuestros recuerdos, no escogimos lo que nos pasó. Estamos arrojados en la existencia, arrojados a la vida sin poderlo cambiar. A uno lo dejan después elegir tonterías, elegimos el tamaño de la pizza, elegimos el color del carro, pero lo importante que era quienes somos no nos lo dejaron elegir, y nos tocó ser lo que somos. Aquí hay más de uno que le toca vivir con su carácter así disparado, muy querido, Jorge es muy querido, eso si se sube como un fosforito, y pobrecito Jorge no puede cambiar el fosforito, al otro le toco tener pecueca, el otro ronca, la otra pobrecita es toda envidiosita, y la otra toda vanidosita y el otro todo amargadito. Cambie eso si puede, es la experiencia de estar arrojados en el mundo, es un gran dolor y es un gran dolor porque es irreparable, no podes hacer nada pa’ cambiarlo, puedes cambiar bobaditas: perfeccionar la nariz, meter las orejitas, hinchar el busto… pero segues siendo tu, eso no lo puedes cambiar, no hay operación que te cambie eso. Podes hablar ocho años con un psiquiatra y lo único que te va a enseñar, que será de gran ayuda, es a que aprendas a vivir contigo mismo, pero no se puede cambiar a sí mismo, eres quien eres y tienes la historia que tienes, cuantas veces uno va a contar la historia a la persona que me comprende y uno la va a contar con la ilusión que esa persona le va a cambiar a uno la historia y lo único que hace esa persona es enseñarme a vivir con esa historia, pero la historia no cambia, los recuerdos no cambian. El recuerdo de la familia separada, del hombre que me violó permanece siempre, el recuerdo del hombre que me prometió mil amores y después me rompió el corazón permanece en mi historia, el recuerdo del hijo que se marchó, del padre que nunca me abrazó, el recuerdo no cambia, permanece siempre en la historia, eres lo que eres.

2. Segundo dolor: el acaso

El acaso es lo que no debería haber pasado pero pasó. En filosofía, se habla fundamentalmente de tres grandes dolores: culpa, acaso y muerte. El acaso es el hecho de que nosotros no controlamos la vida, las cosas suceden por acaso, por casualidad. Fíjense ustedes, mandan por la mañana pal colegio, para que, para que le caiga en la cabeza el techo de la escuela? No, pa’ que aprenda, pero a un niño en Cúcuta le cayó en la cabeza el techo de la escuela, ese es el acaso, nadie lo planeó y pasó, también pasó hace poco en Italia, el acaso. Saliste de la casa en el carrito convencido que venias pa’ una conferencia, te despediste de los tuyos y hasta les dijiste la hora que llegarías… pero ustedes que saben, a lo mejor nos atropella un carro…todo puede pasar y no tenemos control de ello.
Se puede explotar el Machín…

Ustedes saben que hay unas leyes que se llaman las leyes de Murfi, la principal dice que todo lo que pueda fallar, fallará. Y les voy a decir algunas de las leyes de Murfi, las más prácticas: las llaves siempre están en el último lugar donde las buscas, y estás untando una tajada de pan y se te cae, siempre se cae por el lado de la mantequilla, si estás haciendo fila en un banco, siempre la fila en la que tú estás se mueve más lenta que la otra y si te cambias la que se empieza a mover lenta es aquella a la que te cambiaste. Esas son las leyes de Murfi, todo lo que pueda fallar fallará. Lo que nadie quería que pasara pero pasó. Es el acaso, esa realidad que no podemos controlar, que no depende de nosotros…es la realidad que no debería haber pasado pero pasó.

3. Tercer dolor: Lo inevitable

Donde se revela nuestra impotencia, donde se ve lo que pasaría y no pudimos evitarlo. Por ejemplo, tu niña se cuadró con un pelafustán y tu comienzas a decirle: mi amor, ese muchacho no te conviene, ese muchacho te va a hacer sufrir y es como hablarle a una piedra. Y tu hija dice: mami tu no me entiendes, es mi vida, yo tengo derecho, etc…no lo pude evitar. Cuántas cosas que uno no puede evitar.
Cuando uno está en la calle y ves venir un bus que viene rapidísimo y va a envestir a una persona y no puedes hacer nada, pasó y no pudiste evitarlo, qué nos demuestra esto, nuestra impotencia.
El dolor de lo inevitable, ves que tu mamá se está muriendo y no puedes hacer nada, vas donde todos los médicos, hace cuanto remedio te dicen, le han hecho de todo desde el médico más excelente hasta el brujo más brujo, pero es inevitable que siga como está, es lo inevitable, no lo puedes cambiar.
La frustraciones, la decepciones. De lo que hacemos, uno comienza a hacer con ganas algo, pero llega el día en que no te interesa más. Uno tratando de educar bien a unos muchachos que mañana se irán y no me acuerdo. Los médicos que hacen todo por salvar una vida pero ven que ésa vida se van de entre sus manos sin que puedan hacer más, y además de eso son demandador porque por culpa de él fulanito se murió. Las decepción de lo que uno hace, de la carrera que uno inició con tanto esfuerzo pero no pudo terminar, la decepción de la ama de casa que intenta mantener todo en orden, pero se dio cuenta de que para qué tanto limpiar, para qué tanto cocinar si se olvidaron de mí, me cambiaron por otra, a mis hijos les gusta más la calle.
La decepción que es la más grande enfermedad de los hombres que anunciamos al Señor, es la gran tentación de los hombres que nos dedicamos a esto, porque muchas veces llegamos a cansarnos y decimos: no he hecho nada, he tratado de hacer tal cosa por tal comunidad y no se ven los resultados, y entonces uno entra en una decepción, que entonces uno se dice: para qué mis palabras sin no tienen un eco, no llegan a mover ni una fibra.
La decepción de lo que uno hace, la decepción de lo que uno es. De lo que uno era y ya no es, de las calificaciones que tenía cuando estaba en la escuela pero ahora ya no.
Las decepciones de los demás. Cuántas personas nos han decepcionado?, nos decepciona el jefe, un amigo o amiga. (yo le conté a Natalia mi amiga y ella me dijo que nunca lo iba a decir, pero me defraudó) uno se siente defraudado del amigo, en aquel que tanto confiaba y que llegado el momento en el que más lo necesité me dio la espalda, o me traicionó.
Alguien dijo, yo creo que la empresa más exitosa es aquella donde el número de socios es impar y menor de tres, claro: uno, porque así no peleas con nadie.
Alguna vez te ha decepcionado un hijo, una hija, tu papá, tu mamá, tu esposo o esposa (no te dijo que iba a estar contigo en la pobreza y en la prosperidad, en la salud y en la enfermedad, y que estaría junto a ti hasta que la muerte los separara y fue la moza lo que los separó) y entonces el rio de amargura y sientes que tu corazón se rompe en mil pedazos .
El fracaso, el fracaso de un estudio, de un trabajo, de un proyecto, de un amor, de una familia. He visto cómo algunos hijos le dicen a la mamá: mami sepárate, mami no aguantamos más, mami por favor, y la pobre mamá sin tomar la decisión y cuando toma la decisión lo hace ya por toda la presión que hay, y por qué es tan difícil tomar una decisión tal, simple: porque a nadie le gusta fracasar. Y al fin de cuentas separarse es decir: fracasé.
Cuántos han fracasado en intentos construir la propia empresa, y qué difícil es volver a empezar de un fracaso.
El fracaso de un sueño, el fracaso de un proyecto, de una ilusión. La memoria herida por el dolor pasado, casi todo nuestro dolor no es presente, miren, gran parte del dolor humano es un dolor que viene del pasado, del tiempo. Una de las realidades que más nos cuesta aceptar a los seres humanos es el tiempo presente, pasado y el futuro. La mayor parte de nuestros dolores son dolores del tiempo. Miren el montón de dolores futuros, cuáles son ésos dolores futuros, aquello que sufriremos por lo que va a pasar… ejemplo el muchachito o muchachita de catorce años que sufre porque aún no tiene novia… cuándo será: fresco hermano que a todo marrano le llega su noche buena. No digas de esta agua no beberé que con el precio que tienen las gaseosas. Uno sufre mucho por el futuro. Sufre por adelantado. Pero hay algo que debemos tener presente y es que ése tiempo aún no existe.
Muchos de nuestros sufrimientos son sufrimientos del pasado, pero la gran parte son aquellos que vienen del pasado, rara vez se está sufriendo por el presente, démonos cuenta que por más mal que estemos ahora estamos bien, pero qué inquieta nuestro corazón: los recuerdos, todos los acá presentes tenemos recuerdos: de decepciones, de historias. Muchos de los que estamos acá tenemos sufrimientos que están cumpliendo años.
Tenemos muy buena memoria para las cosas malas, para aquellas malas experiencias que en el pasado vivimos, en cambio para aquellas cosas buenas rara vez tenemos buena memoria, si acaso algo nos acordamos de aquellos momentos en los cuales la pasamos tan bien, mientras que en nuestra mente aún siguen registrados como si fuera ayer todo el mal que nos hicieron.
Tenemos un álbum de fotografías en la memoria, no es aquel álbum de los bellos momentos que a todos mundo mostramos, sino que es el álbum del dolor, nadie le toma fotografías al dolor, o quién tiene la foto de un familiar en el féretro? A uno no le toman fotos en los momentos de tristeza, todas las fotografías que tenemos encima de la mesa muestra nuestra sonrisa. Mientras que todos aquellos momentos tristes han quedado registrados en el álbum de nuestra mente y ésas imágenes no se borran tan fácilmente.
Mantenemos con el corazón atrapado en el pasado y aunque no lo podemos cambiar, recuerda que estamos en el presente. En el adulto que eres tú no puede seguir viviendo ése niño del pasado.

Al lado de todos los dolores que hemos visto hay otro, la realidad rosa. La violencia del mundo, la violencia de la naturaleza, la realidad de Colombia, las armas, la guerra, el secuestro. Toda esa violencia que nos amenaza, que nos hace sentir tanto miedo, toda la violencia de una naturaleza que no podemos controlar y que a pesar que estamos en el siglo XXI y tenemos tanta ciencia, todavía no la podemos controlar. La culpa, todo lo que no nos perdonamos, de aquello que hemos hecho o dicho, eso que no hemos perdonado de nuestro pasado, de lo que somos o de cómo somos. La enfermedad que destruye nuestros optimismos y nuestras esperanza, sin darnos cuenta es la culpa. La enfermedad por bobita que sea la enfermedad nos hace perder la confianza en nosotros mismos. La gente sencilla que sabe orar pide salud, porque si falta la salud nos volvemos dependiente, y uno enseñado a ser independiente, empieza uno a perder la memoria y los demás pierden la paciencia con uno, y uno siente que uno es un estorbo, una carga.
La vejez, que nos hace sentir que ya no somos fuertes, la vejez donde cada coyuntura te hace recordar que el tiempo te pasó por encima.
La ausencia, perder la gente que uno quiere. Recuerdo una película, donde muestra a un robot que logra adquirir los rasgos humanos y empieza a vivir, cien años, ciento cincuenta años, doscientos años… hasta que descubre algo terrible que él no había sentido antes: el dolor, el dolor de que nadie de los que ama permanece, se van. Todo se va, nada se queda. Los seres humanos nos hemos inventado pequeñas trampas para intentar atrapar el gozo… fotografiamos los buenos momentos, en un intento de atrapar a los hijos en un instante cuando eran preciosos, por retener a la hija cuando estaba en la fiesta de quince, por retener el recuerdo de mi mamá cuando todavía estaba joven y hermosa. Nada se queda, las fotografías se envejecen, el color se va gastando, las personas se marchan, las casa solo queda llena de fantasmas que nos hablan del pasado, (el jarrón de la abuela Griselda, el cuadro de mi abuelito Tulio, ah no se acuerda de estas servilletas que me regaló mi mamá cuando me casé, ah mire la bandeja de plata de la tía Elena que ya se murió) todos se van, los esposos se van, las esposas se van. Porque algún día todos seremos simplemente un recuerdo. Todo se va.
La muerte que es el final de todo, el muro con el que todo se estrella. El fracaso, el dolor, la decepción, la memoria herida, la enfermedad, la vejez, la muerte. Todos nacemos llorando, a todos nos llega puntual la visita del ángel del dolor, no siempre llega el ángel de la alegría, sino que siempre llega inoportuno el ángel del dolor. Todos tenemos golpes en la vida tan fuerte, yo no sé.
Una hermosa poesía se Cesar Vallejo, el poeta peruano dice así: <>

De trampas y evasiones. Uno intenta escaparse del dolor.
Al dolor no se le puede hacer trampa.
Trampas y evasiones. La primera trampa que uno hace es negar el dolor. Al niño que se pone a pelear con amigo y le pegan fuerte y llega con los ojos llenos de lágrimas diciendo, no me dolió, no me dolió. Así somos nosotros. El muchacho que llega al colegio y dice: mis papás están separados pero a mí no me afecta.
La primera trampa que uno se hace es decir que no duele y sí duele.
Negar la gravedad del dolor. Decir por ejemplo: a la larga esto no tenía tanta importancia. << Nico encontró otra persona y rehízo su vida, como somos personas tan civilizadas me parece bien >> . no se puede negar la intensidad del dolor, el dolor siempre tiene la misma intensidad: la máxima.
Echarle la culpa a otra realidad, decir: es que la realidad del país, es que la crisis económica… o lo que dicen algunos jóvenes: <> la responsabilidad ante el dolor no es mía, sino de los demás, uno termina culpando al pasado, la edad…
Los escondites. Donde uno se esconde del dolor: primer escondite, los bienes materiales, uno se llena de cosas para no sentir dolor, las personas deprimidas salen a comprar. Los bienes materiales son el escondite privilegiado del ser humano, uno se esconde en sus cosas. No se enfrenta el dolor, simplemente se esconden detrás de las cosas, pero el dolor sigue ahí esperando a que tú salga.
Otro escondite son los placeres sensibles, así muchos se dedican desesperadamente a esconderse detrás de los placeres. De ahí que entre más desordenada esté una sociedad son más los sitios que hay para aplacar los placeres, así en las fiestas discotecas deben ser cada vez más desordenadas. Esta es la realidad de nuestras ciudades y de nuestra sociedad, donde lo único que importa son la satisfacción de los placeres, donde la jovencita de octavo grado se entrega al jovencito con el único deseo de satisfacer sus placeres. La sociedad del hedonismo, donde la gente tiene tanto dolor que se esconden detrás de los placeres. Y al lado del hedonismo están los vicios, para cuando viene el dolor viene el tapa roja. El dolor está unido al alcohol… pero cuando se pasa el guayabo el dolor ahí está quizá con un grado más alto que antes.
La amargura… cuál es la gente amarga? La que está llena de dolor, aquellos que tienen tanto mal en sí que ya no pueden ver bondad en nada, solo ver maldad y entonces cierran el corazón. Vemos mucha gente adulta amarga. Dentro de la profesión que estoy realizando encuentra mucha gente amarga, porque después de tantos años de dedicación y entrega uno tiene las manos vacías.
La desesperación. Una pequeña historia <> esa es la desesperación. Es cuando uno no tiene la capacidad de continuar, simplemente se desespera, es como al que le duele tanto el brazo que quisiera no tenerlo. Uno destruye una empresa antes de que se acabe por desesperación, uno destruye una amistad por desesperación. Uno corta la relación con un hijo antes de que se acabe por desesperación, cuántos no terminan una carrera simplemente por desesperación, cuántos matrimonios no se acaban antes de que terminen por desesperación.
La desesperación es un escondedero, a una tristeza que donde sea nos arropa.
La huida, que nos hace darnos por vencido antes de tiempo. Muchos muchachos cuando ven que hay problemas en la casa simplemente huyen. Cuántas personas simplemente se van y no afrontan los problemas. Cuantos colombianos se van, se van a construir un país que ya está construido, en vez de construir este que está roto.
Al lado de esto la ira y la violencia, detrás de toda la violencia lo que hay es dolor, miremos el rostro de los guerrilleros y veremos que lo único que hay es dolor, algo que le destruyeron, hay en su mente el recuerdo de algo trágico y de ahí que lo manifiestes tomando armas y siendo violentos.

Lo último es la pregunta inútil, y es: por qué a mí?. Por qué se murió mi esposa? Por qué es mi familiar el que tiene que estar enfermo?... por qué me pasó justamente a mí?. Le pregunto a Dios, y no hallo respuesta, y queda en nuestra mente el por qué me has abandonado. Y nos quedamos sin respuesta, porque lo que tendríamos que habernos preguntado es algo totalmente diferente:
Recuerdo una serie de televisión llamada <> uno de ellos era un caballero de bronce llamado Zenya y recuerdo que este tuvo una pelea y miren lo que pasó: en una ocacion Zenya uno de los caballeros de Bronce tuvo una pelea con uno de los caballeros de plata, pelea donde el noble caballero de bronce llevaba al pero parte, estaba muy golpeado y sus fuerzas estaban bastante disminuidas, antes de dar el golpe final el caballero de plata dice a Zenya: no tiene sentido que pelees contra mí, soy mucho más fuerte que tú y mucho más rápido y además, nunca jamás he sido derrotado, en ése momento recogiendo sus fuerzas restante Zenya le respondió: pues ahora hoy juro de que te venceré, porque en cambio yo sí he sido derrotado muchas veces y eso me ha dado una sabiduría contra la cual tu no podrás luchar, y antes de caer el sol el caballero de bronce levantó triunfante la armadura del caballero de plata que fue derrotado por primera vez.
Con esta historia nos podemos encontrar con una cosa y es que la pregunta que hemos hecho, de por qué llega el dolor y la pregunta del por qué, es una pregunta inadecuada, ya que nos hace creer que el dolor tiene lógica. Miren, cuando uno le pregunta a Dios, a la vida, por qué yo sufro, por qué mi mamá se murió, por qué se murió mi hijo. Cuando uno se pregunta eso, uno está asumiendo algo, asume que en algún lugar existe una lógica interna, oculta de la realidad y que esa lógica interna, y oculta de la realidad, explica el por qué a mí me tocó vivir esta realidad. Por ejemplo: si mi hijo está enfermos es porque yo cometí un pecado y Dios me está castigando. Aunque uno no esté de acuerdo con el dolor sin embargo sería lógico un castigo, pero entonces uno repasa el propio corazón y dice: pero yo no he hecho nada malo. Por qué entonces Dios me castiga. Porque uno asume que la lógica del dolor es el castigo por algo que uno cometió, realizó…
Les adelanto una cosa: el dolor no tiene lógica, no se reparte, no le dan a unos más o a unos menos, toda creatura que viene a este mundo tiene dolor sin excepción. Dice el poema desiderata <> desde fuera te puede parecer que los demás sufren menos y tu más, todas las personas, todos los seres humanos tenemos que luchar contra el dolor. El dolor no se reparte según un cronograma ni un memorando, el dolor no está repartido por los planes de Dios. Él no escribe en un ordenador quién debe sufrir hoy y quién debe sufrir mañana. El dolor no tiene lógica, no es por algo, no es por un castigo, no es porque te portaste bien o porque te portaste mal.
No tiene lógica, de hecho, el dolor es absolutamente irracional, porque lo racional es buscar lo agradable, lo gustoso, nadie en sus cabales busca el dolor. El dolor no tiene por qué.

Pero el dolor puede ser una oportunidad, como aquella en la que el caballero de bronce a punto de ser vencido, se levanta con las pocas fuerzas que le quedan y vence a su oponente, el caballero de plata que nunca había sido derrotado. Zenya nos demuestra que el dolor puede ser una escuela y una oportunidad para la sabiduría. Yo no sé si el dolor se quita, creo que el dolor no se quita, pero hay algo que sí sé y es que del dolor se aprende y el dolor se convierte en una escuela de sabiduría. El dolor nos hace fuertes, nos hace luminosos, el dolor despliega nuestras capacidades, capacidades que nosotros no sabíamos que existían. Hay historias que narran cómo una mamá fue capaz de levantar un peso superior al suyo para salvar a su hijo atrapado.

En el dolor descubrimos una fuerza que nosotros no sabíamos que teníamos. En los momentos de dolor descubrimos algo nuevo de nosotros. El dolor te puede enseñar tanto, en cada derrota puedes aprender de una manera tan maravillosa y así como el caballero de bronce podrás vencen antes de terminar el día a un caballero invencible como lo era el caballero de plata. Por eso vale la pena entran en las actitudes frente al dolor.

No nos dejes caer en la tentación

Actitudes ante el dolor.
1. Nunca preguntes por qué, pues el dolor no tiene lógica. Pregunta para qué.
No pierdas el tiempo que no vas a encontrar respuesta, nadie ni nada te la va a dar. La respuesta del por qué, es muy simple, como los niños dicen: porque sí.
yo le he preguntado muchas veces a Dios, por qué? , y la respuesta es porque sí.
Soy gordo porque sí. Soy flaco porque sí. Por qué se murió tu hijo, porque lo vivo se muere; por qué se enfermo tu hermano, porque lo sano se enferma. Porque la flor que hoy está preciosa, mañana estará marchita. Porque sí, no hay explicación.
Dios no castiga. Dios no castiga. El Evangelio lo dice. Dios no envió a su Hijo para condenarlo, sino para salvarlo. Lo que pasa con el castigo en muy bueno, con el castigo le echamos la culpa a Dios. Y cuando tenemos culpable uno se descarga, así las cosas no pesan tanto, maldito el que mandó ése cáncer, ampón ése que no evita la violencia…desgraciado ése que no salvó el matrimonio. Si culpas a alguien quizás ese alguien salga y de una explicación. Pero su culpas a Dios, Dios no se va a defender, ya le puedes cargar a él tus angustias, tus rabias, tus odios… ya encontraste a alguien a quien culpar.
Estamos en este único universo que nació de una primera explosión hace quincemil millones de años, y este planeta el tercer de nuestro sistema solar, posee vida porque un estrella murió. Vivimos en un cosmos en el que todo nace y en el que todo un día morirá. Nuestra hermosa estrella que hoy brilla dándonos luz y calor, algún día dentro de millones de millones de años se apagará, iluminará por una última mañana y luego se apagará, a lo mejor se vuelva en una gigante roca, o a lo mejor se vuelva una supernova… o a lo mejor de origen a un agujero negro por medio del cual lleguemos a una desconocida galaxia donde se encuentra una vida más hermosa que esta vida y un planeta más hermoso que este planeta. Todo nace y todo muere.
Lo sano se enferma, lo joven se envejece, lo viejo se muere, lo que está presente se va, entonces no pregunte por qué? Lo único que va hacer la pregunta es destruirte a ti, lo que debes preguntarte es: para qué? Para qué tengo este dolor, para qué?, a lo mejor saco alguna experiencia, alguna oportunidad.
De un accidente aéreo se salva solo una persona, no te pregunta por qué murieron todos los demás, sino para qué quedó vivo este, cual es la misión maravillosa que este tiene que realizar.
Algunos dicen, por qué estoy vivo, Señor por qué aún no me he muerto, si todavía tienes una hora de vida pregúntate más bien qué vas hacer con ésa hora de vida que te queda.
Si fueras al médico y te dice que tienes un cáncer extraño y solo te queda un mes de vida, la pregunta no va debe de ser, por qué? Sino que voy a hacer con ése mes de vida que me queda. Un joven diría: aprovecharía, y qué es ese aprovechar?, pues ir a tomar trago, buscarse a alguien e ir a la cama y ñanga ñanga. Un joven eso es lo que piensa. Yo le preguntaría si regresaría al colegio y la mayoría de los jóvenes dirían que no, pero no es así. Imagino que le dirían te quiero a todas ésas personas que aún no se los han dicho, intentarías hacer algo bueno e irían al colegio, porque querría estar hasta último momento con los compañeros.
Si te queda un minuto, para qué?, si te queda alguien, para qué?
Se te acabo la salud, aun te quedan las manos. Hay gente que pinta con los pies, hay alguien que toca guitarra con los pies, el mayor físico teórico de la humanidad solo tiene movimiento en dos dedos, nisiquiera puede hablar y con esos dos dedos con los que maneja un computador ha escrito dos obras maravillosas para la ciencia.
Pregunta para qué?
Levántate y pregunta: qué quiere la vida de mi, porque es como un juego que aún no se ha terminado y tu creíste haber llegado a la última etapa y acabas de sacar cenas, la vida no ha terminado.
2. Aceptar la realidad: las cosas son como son.
Hay una historia de un campesino chino que tenía un caballito en todas sus faenas, un día el caballito se le fue para la selva, todos los campesinos de la aldea que eran muy unidos fueros a expresar su sentimiento porque el caballito se le había ido. Este sin embargo solo dijo: mala suerte, buena suerte, quién sabe?. Unas semana después el caballito regresó con una manada de caballos salvajes detrás, y una vez más todos los vecinos de la aldea que eran muy unidos, fueron a felicitar al campesino chino, el cual solo dijo: buena suerte o mala suerte, quién sabe?. Al cabo de un par de días el hijo mayor del campesino chino, que le ayudaba en todas las actividades del campo se puso a domar uno de los caballos pero fue derribado violentamente del caballo y se partió una pierna. Todos los vecinos de la aldea que eran muy unidos fueron a visitar el campesino chino para lamentar lo sucedido, a lo que dijo el campesino: mala suerte, buena suerte, quién sabe?. Unos días más tarde llegaron, los hombres del emperador reclutando jóvenes para el servicio militar, y al encontrar al joven incapacitado por la fractura, lo dejaron en paz, en cambio se llevaron a los demás jóvenes de la aldea. Todos los vecinos de la aldea que eran muy unidos, fueron a casa del campesino chino para congraciarse con él, a lo que una vez más dijo: mala suerte, buena suerte, quién sabe?. Dos años después llegó la noticia de que el emperador había nombrado capitanes a los jóvenes de aquella aldea y los había desposado con sus hijas que eran las más hermosa del reino. Todo los vecinos de la aldea que eran muy unidos fueron donde el campesino chino, para expresarle su pesar porque si hijo no había gozado de este privilegio de tener un hijo capitán y de no haber emparentado con el emperador, a lo cual él respondió: mala suerte, mala suerte, umm, quiés sabe? Cinco años después estalló lo guerra contra el Japón, todos los jóvenes de aquella aldea ilustres capitanes, murieron cruelmente en aquella guerra, y los vecinos de la aldea que eran muy unidos fueron donde el campesino chino, para felicitarlo, porque él había conservado a su hijo con vida. Y este una vez más dijo: mala suerte, mala suerte, quién sabe?.

Como sabe ustedes que algo es bueno es bueno y algo que es malo es malo?
Buena suerte, mala suerte, quién sabe?
La muchachita que se quedó con el mejor partido, que envidia porque se llevó el mejor partido, pero resulta que ése mejor partido le resulto borracho y drogadicto, en cambio a usted que le tocó el tuerto, apelotardado, resultó siendo un buen marido. Mala suerte, mala suerte, quién sabe? Tu qué sabes.
Tienen una enfermedad, pero no sabe lo que vas a aprender. Tienes un cáncer, sientes dolores insoportables, eres un peso para tu familia. Cada una de las personas que ha muerto de cáncer, le ha mostrado a la humanidad que se tiene que luchar contra el cáncer, y un día tendremos la cura contra el cáncer y lo curaremos como se cura una diarrea. ( en esto se hacen avances, como la virus terapia en el cual se está trabajando).
Acepta el dolor. Aceptar qué? Aceptar lo que somos, no somos lo que soñamos ser, simplemente somos lo que somos. Entre más te resistas en aceptar lo que eres, más dolor vas a tener.

domingo, 29 de mayo de 2011

Teilhard de Chardin: Un hombre entre la ciencia y la fe

Introducción


La obra del Padre Teilhard de Chardin representa para la ciencia y para la humanidad, una pieza de invaluable riqueza. Como hombre, sacerdote y científico supo leer la realidad «fenoménica» como un anticipo de las realidades «eternas» y sobrenaturales.

El presente trabajo, quiere mostrar en el contexto del diálogo ciencia-fe, una aproximación sincera y coherente de un análisis que se hace cada día más difícil: el análisis de las realidades terrenas, miradas desde la vivencia de un cristiano que combina, en este caso su inteligencia empírica, con su sabiduría en la fe. Este es Teilhard, el Jesuita que se atrevió de manera seria y equilibrada-no obstante sus muchos obstáculos- a decirle a la humanidad, que el mundo  no es  solamente  un subsistente  que  se explica por sí mismo sino  que  en  su complejidad, en su estructura  interna,  en su  orden  y perfeccionamiento,  evidente  para quien tiene  un acercamiento a él desde un  punto de vista  fenoménico,  y en el que descubre a  la  vez un proceso natural  histórico y ascendente,  solo puede ser explicado  a partir de un principio organizador  que se constituye  al mismo tiempo  su punto de convergencia  y de arrivo. 

Este   principio  organizador, desde  la  fe de Teilhard tiene  su  concresión en un Padre y Señor que desde siempre lo pensó así, y que en la plena libertad que nos ha dado, quiere que lo alabemos y le demos gracias por su obra creadora.

El primer capítulo reflexiona acerca de  la persona del padre Teilhard como sacerdote y científico; hace un recuento –somero- de su vida y obra, y muestra ante todo la capacidad que como científico tenía de analizar la realidad y proponer esquemas «revolucionarios» para ella misma, señalando que la ciencia en su hacer es un ejercicio no solo de la razón que comprende y asiente, sino ante todo, y como lo más importante, es  la gran oportunidad que el mismo Dios nos ha posibilitado realizar  para llegar a  un estado de  autocomprensión  y  autodescubrimiento de nosotros mismos. Igualmente, el capítulo quiere referirse a esa dimensión sacerdotal, de la cual participa en bondad del mismo Dios, como Jesuita y miembro de la Iglesia, en la cual también fue incomprendido y muchas veces rechazado

Seguidamente se dará una introducción metódica sobre la concepción que el Padre Teilhard tenía de la ciencia en su relación con la fe. Para ello se descubrirá cuál era la visión novedosa que el Padre Teilhard pretendió exponer acerca de la realidad, desde la ventana de lo que él denominó   «fenomenología del cosmos», para así comprender de una manera global cuál es el pueto de la fe en Cristo Jesús expuesta en su sistema de pensamiento.

El capítulo Tercero,  pretende ampliar esa dimensión que como sacerdote, hace de Teilhard un «místico» y un profeta. Sin lugar a dudas, la pretensión aquí, no es sólo la de lograr una insinuación a una «defensa» de su espiritualidad, sino ante todo es la de profundizar la novedad de sus términos.  Contemplar el «Himno del Universo» es acercarnos a una línea común entre la ciencia y el sacramento. Ciencia, porque es un canto al universo mismo que con todas sus cualidades y defectos orquesta en un sinfín de preguntas y respuestas; y sacramento, porque las continuas referencias al «hacer de Dios», lo convierten en un cántico, casi salmodial de una nueva «Teofanía» o manifestación de Dios, siempre operante y actual.

Para finalizar se hará una  presentación de dos de sus principales obras: El fenómeno humano y el Medio Divino. En ellas se muestra la capacidad racional, empírica y «reverencial» de un escritor que es ante todo, escritor de ciencia y depositario de verdades del universo, las cuales pudo presentar en términos propios, inteligibles y adecuados. La ciencia es su pasión, la materia su instrumento, la tierra su casa, el Amor su dimensión más trascendental, y Dios por su puesto Dios, su Todo.


Capítulo I

Teilhard de Chardin:

El Sacerdote y el Científico



«El medio Divino es exactamente yo mismo»[1], escribía en el prólogo de su libro titulado de la misma manera (el medio divino) en 1934, el sacerdote jesuita, Geólogo y  paleontólogo Teilhard de Chardin. Con innumerables publicaciones científicas, pero ante todo con una gran sensibilidad por el mundo, el padre Teilhard  escribe acerca de  la realidad  física contemplando desde una perspectiva particular  su futuro, su realización y plenitud desde la tierra, desde donde  también debemos mirar con esperanza y amor al hacedor de todo, principio y fin del universo[2]. Su trabajo llegó incluso a ser incomprendido, y hasta perseguido, pues suponía un cierto peligro en la comprensión teológica de temas tan amplios y debatidos como El pecado original, la constitución del universo, la visión teleológica, etc.

Una de las obras que mejor resume su legado sacerdotal y pastoral-aunque también criticada- es La Misa sobre el Mundo, donde comienza afirmando:

Ya que, una vez más, Señor, como en los bosques del Aisne, también en las estepas de Asia, no tengo ni pan, ni vino, ni altar; me elevaré por encima de los símbolos hasta la pura majestad de lo real, y te ofreceré, yo que soy tu sacerdote sobre el altar de la tierra, el trabajo y la pena del mundo[3].

La fe, para este sacerdote y científico, que se deja entrever en su abandono decidido a Dios y a su providencia, se muestra sublimemente en todos las cosa que en el universo se «orquestan», para que Dios sea bendito y alabado siempre por la obra maravillosa de su creación. Es una «complejidad-conciencia», que especialmente el hombre debe esforzarse por reconocer en la vida cotidiana y en al hacer continuo de cada uno de sus días, como prolongación de la obra creadora de Dios.

Sus detractores lo criticaron de panteísta, más su combinación de las ciencias astronómicas, teológicas y filosóficas, nos hacen entender hoy su clara posición del universo. La marcada posición de Darwin, en la llamada «generación de las especies», o «selección natural», toman en él otro rumbo.  Con los escritos e investigaciones del Padre Teilhard, nos acercamos de manera casi insuperable a una posición, que si bien causaba en su momento incomodidad, hoy es  una acertada estructuración de un método que con rigurosidad y «mística», hacen como ninguno otro, toda una contestación a la altura de quien se preciaba ser, hijo de Dios por el bautismo y ministro de la Iglesia por su llamada a la vocación sacerdotal[4].

En el sacerdote Teilhard, vemos un esfuerzo para ser comprendido, no en función de un capricho personal, sino en función de una teoría que tendría que acoger caminos universales para la asimilación de un Dios Creador.  Este ser supremo, que todo lo hace bien,  ha dado el impulso primero al universo y  en su infinita bondad ha dejado que el «Adán», el hombre hecho a su imagen y semejanza, sea el continuador de su obra, en libertad y conciencia, siguiendo siempre un solo hilo conductor, este es, el Amor, con el cual Él nos amo primero[5].

Los días de Teilhard como sacerdote, seguramente fueron plenos, no faltaron la incomprensión, la persecusión, el prejuicio ante su obra e investigación, lo que seguramente marcó profundidad, un camino de la cruz, que bellamente describe en uno de sus «Pensamientos»:

Señor, ya que nunca he dejado de buscarte y de colocarte en el corazón de la materia universal con todo el instinto y en todas las circunstancias de mi vida, tendré la satisfacción de cerrar mis ojos en el deslumbramiento de una transparencia universal y de un Abrazo universal...[6]

La cruz, para Teilhard, es humanización por la fe y la esperanza, es el bálsamo que Dios en su infinito Amor ha querido compartir, aún, en el sacrificio de su propio Hijo. Por lo tanto ella no debe ser tristeza ni sufrimiento, debe ser plenitud, camino, seguridad en la fe, «exceso» desgarrador del mal, y perenne «ascender, ascender hacia la luz, que no se extingue, ni apaga»[7].

Entre los rasgos sacerdotales de Teilhard  debe buscarse especialmente  esa sensibilidad que como Jesuita tenía por la investigación del mundo que Dios ha creado. Así lo sigue expresando en sus «pensamientos»:

En la medida de mis fuerzas, puesto que soy sacerdote, de ahora en adelante quiero ser el primero en adquirir conciencia de lo que el mundo ama, persigue, sufre; el primero en buscar, en simpatizar, en sufrir; el primero en abrirme como una flor y en sacrificarme más intensamente humano y más noblemente terrestre que ningún otro servidor del mundo[8].


La ciencia para Teilhard significó todo un  proceso de aprendizaje para su vida y su ministerio. Su vena jesuita le hace entender como su inteligencia y capacidades debían ser puestas al servicio de la comunidad y de la Iglesia universal. En el libro citado de Georges la Fay, así se expresa:

En realidad lo que debería hacer reflexionar seriamente a los superiores antes de enviar a un joven al laboratorio, no es el miedo a que a que desarrollen un “espíritu crítico”, cuanto la certidumbre de exponerlo al fuego de una nueva fe (la fe en el hombre) a la que no está probablemente acostumbrado.[9]

Desde muy joven se interesó por las ciencias naturales, la contemplación del cosmos y la composición del universo. Fue en la comunidad Jesuita, donde alcanza mayor desarrollo su inquietud. Realizó múltiples viajes (por África, Asia, Norte América, China, etc.), en los que con un espíritu científico se percató  en cada uno de lo que pretendía lograr con sus investigaciones.  El universo, el cosmos con todo lo que contiene, los hallazgos paleontológicos, la tierra y su grito constante por ser reconocida,  todo esto lo apasionó hasta su misma muerte.

La interpretación del mundo como visión global, en donde caben todos los términos: Origen, desarrollo, aparición, tierra, cielo, estrellas, física, vida, muerte, materia, espíritu, evolución, convergencia, conciencia, fenómeno, Cristificación, «todo sube, todo converge», etc; hicieron de este hombre, uno de los  grandes científico  de la primera mitad del siglo XX.[10]

El padre Teilhard, no fue en el sentido estricto un filósofo ni un teólogo. su objetivo poco a poco fue claramente científico. Quiso aplicar el postulado de la evolución universal a todo fenómeno espacio-temporal. Este postulado no es el de cualquier evolución, sino el de la evolución convergente, entendida esta en un sentido filosófico-teológico preciso y claro en donde «convergen» todas las realidades físicas, biológicas, psicológicas, sociológicas, humanas y divinas, creadas e increadas. Una evolución que va de lo simple a lo complejo, de la conciencia al espíritu, de lo biológico a lo antropológico, y de éste a lo eminentemente «teológico», es decir, lo Crístico.[11]

 Teilhard, comprendió que el paso del hombre por la tierra pertenece a Dios. Que sólo él en su infinita bondad pudo hacer algo tan maravilloso; que el punto de partida (Alfa), y el punto de llegada (Omega), solo pertenecían a él. En su libro la vida cósmica afirma:

«Amo el universo, en el amo la tierra; y entre la tierra y el universo, amo a Dios, principio y fin de todo cuanto existe, Él, el solo origen, la sola salida, el solo término».[12]

El padre Teilhard propone para la humanidad y para la ciencia un camino más amplio en la comprensión del fenómeno «darwiniano». Sin pretender disputar la tesis de este, avanza hacia un análisis menos reduccionista del problema «creacionismo-finitud», desde las ciencias, versus, «creador-eternidad», desde la teología. Allí Teilhard, encuentra el enclave preciso para delinear una teoría más justa, en donde se le de el puesto tanto a las ciencias como a la teología.

Teilhard es geólogo y como tal conoce la tierra -la ama-; es paleontólogo por lo que sus hallazgos no solo se quedan en el orden de lo implícitamente científico, sino que yendo más allá, sabe que lo encontrado, sea animal, hombre o cosa, tiene una historia, que incluso traspasan el tiempo y la «finitud». «Traspasar», es evidenciar que surge una nueva visión, que desde una teleología, no es el fin por el fin. Existe  el fin por la salvación mía y del otro, es la construcción de una tierra nueva, siempre «prometida», en donde seamos todos abono para la segunda venida de Cristo. Así lo afirma Galleni:

Naturalmente esto excede la competencia del científico o del investigador dedicado al campo de las relaciones entre ciencia y teología, para entrar en un campo específico de la teología, ya que la parusía debe ser un campo de investigación solamente de la teología. Sin embargo, no caben dudas de que esta visión teilhardiana es el intento más importante de conciliar la teología con la evolución biológica.[13]



Capítulo II
Ciencia  y  fe  en Teilhard  de Chardin

En el diálogo de hoy entre ciencia y fe, se hace imprescindible la obra de Teilhard de Chardin, pues señala caminos seguros de aprehensión, en una muy basta asimilación del método científico por un lado, y de renovación de una teología que en diálogo con el mundo moderno, sabe recoger y reinterpretarlo en una perfecta sintonía, así lo afirma Galleni: «Un elemento fundamental para el progreso de la ciencia está representado por el influjo que la teología y la filosofía tienen sobre los científicos y sobre las hipótesis que estos elaboran»[14].


1.        Ciencia y fe, entre el análisis y la síntesis

El padre Teilhard de Chardin  aborda el tema de las relaciones entre ciencia   y  fe   desde la perspectiva que encuadra  armónicamente  el  paralelismo entre análisis  y síntesis,  ciencia  y Cristo.

Esta  presentación  el padre Teilhard  la  introduce  analizando   la  agitada historia que  a lo  largo  de los  siglos  ha  tenido la  relación   entre  ciencia  y  Religión.   Según  uno de sus  análisis  la apologética  y  sus  tentativas  de acercamiento a las ciencias no siempre se han encaminado por las vías mas  equilibradas:

  unas  veces los apologetas se han  opuesto a  descubrimientos  incontestables; otras, han intentado  extraer deductivamente, de  hechos  científicos, conclusiones filosóficas  o  teológicas que el estudio de los fenómenos  es incapaz de dar[15].

El  papel  que históricamente, según su análisis, ha desempeñado   en  algunos  ambientes religiosos  la ciencia  ha sido   presentado  en ocasiones  como  una  fuerza  tentadora del  mal,   y, paradójicamente en otros  momentos  como  una luz divina,  un esfuerzo muy noble  propuesto a la  ambición humana.  Ante  esta relación  paradójica, Teilhard,  sacerdote  y cristiano convencido, y  al mismo  tiempo,  científico y  riguroso investigador,  propone   con sus estudios  y sus teorías  una  doble   vía  que invita a  acoger  y a  amar cristianamente  a la Ciencia.  

Esta doble vía parte del hecho del reconocimiento  de la  limitación de las Ciencia  por un  lado para  conocer en sus  métodos  de análisis,   que se limitan solo a la campo fenomenológico, las  realidades divinas,  lo cual,  según  su presentación,  no es motivo  para pensar que,  haciendo  un camino de análisis  profundo de los resultados,  no  se puede  ingresar  en una  vía  de retorno  al descubrimiento de la  realidad  trascendente  que   conduce  y da  sentido  a lo que  se escapa de un análisis  meramente empírico:

por  ser  esencialmente  analítico,  el estudio científico del  Mundo nos  hace marchar  en principio en sentido inverso a  las  realidades  divinas.  Mas  por  otra parte,  al revelarnos la  estructura  sintética del  Mundo, esta misma  penetración  científica de las cosas  nos  hace  volvernos y nos  lanza, por  su prolongación  natural,  hacia  el Centro  único  de las  Cosas, que es Dios  Nuestro Señor[16].

La  presentación de esa doble  vía,  la del estudio  y el método científico  del  Mundo,   y el  camino de retorno que  a partir de los resultados de  un  análisis  teleológico del mismo  condujeron a este científico a integrar el dato  de  la  Revelación en Cristo,  nos puede llevar a preguntarnos  acerca de cuál  era el Mundo, la Realidad, el universo que es  objeto de la  ciencia  y que para Teilhard  se convirtió  en punto de  referencia  para  entender  el  problema de  la relación de  no oposición  entre   Creación y  Evolución.

Esta  pregunta  la  podemos responder partiendo  de los presupuestos  que  en una visión sistemática muy propia  se  ubica la  concepción que el Científico Teilhard  tenía  del Universo.

2.    El Universo para Teilhard de Chardin...  su método

Para  responder  acerca de la pregunta  sobre el  universo que es  objeto de su análisis, él buscó la respuesta por la vía de la ciencia y la construcción de una fenomenología científica.  Esta  fenomenología  científica  abordó  la realidad  desde  una  doble  perspectiva: la cosmológica y la antropológica:  Qué nos enseña el mundo acerca de su organización interna?, Cúal es el puesto del hombre en este extraño y maravilloso mundo? .

Si bien es cierto que el mundo se puede estudiar desde diversos ámbitos ( se puede, por ejemplo, entenderlo desde un punto de vista metafísico,  lógico o ético)  cada una de esos aspectos constituye una disciplina en sí misma. Ahora  bien, cuando se llega a entender el mundo como mero fenómeno sin condicionamientos de tipo metafísico, lógico o ético,  se capta  «solo el fenómeno»  lo cual  corresponde al método que es propio de la ciencia empírica.

Ante  esta realidad de  método, el P. Teilhard, propone la necesidad  de una  sistematización de la ciencia, en donde se de un puesto  al estudio del mundo como un todo, sin que por ello se abandone el plano fenomenológico. A tal empresa Teilhard de Chardin la denomina fenomenología del cosmos. [17]

Esta fenomenología  se concibe como  una ciencia que busca  describir  el universo como un fenómeno que se puede concebir  en la totalidad y en interna y perfecta coherencia, para poder, de esta manera, descubrir el sentido recóndito de la totalidad.  No se debe olvidar que la totalidad es más que la suma de las partes,  de la misma manera,  el mundo es más que la suma de todos los seres que en el podemos encontrar, y en consecuencia no es suficiente una imagen del mundo a partir de los diversos resultados de las diversas ciencias naturales.

Teilhard de Chardin  insiste  en que es necesario una ciencia que se ocupe de la totalidad del fenómeno cósmico y busque encontrar su dinámica interna, a la cual se llega por los resultados obtenidos a partir de las diversas ciencias  que se desempeñan en sus respectivos campos, aunque buscando converger en una visión específica y unitaria[18].   El estudio del sentido interno del fenómeno que  constituye el universo, hace parte también de tal fenomenología.

Este esfuerzo de  Teilhard de Chardin se caracteriza por ser el intento de expresar  el mundo, en la medida de lo posible, en la totalidad y en su orientación interna, mediante la experiencia científica.  Sin embargo  esa concepción no puede ser un sistema cerrado y definitivo. Teilhard de Chardin está convencido de que el esquema que él traza responde de manera satisfactoria a la actual condición de la ciencia, sin que por ello no sea perfeccionable, corregible y completado[19].    Esto es así porque su fenomenología no pretende ser una descripción lo más posible exacta del universo, prescindiendo de problemas metafísicos y epistemológicos, que se remite solamente al grado de datos científicos.  Al contrario, lo que se pretende es “comprender el universo en su totalidad, en su coherencia interna, en su sentido inmanente”[20] y para ello es necesario mirar el movimiento que él ha tenido en el transcurso del tiempo, es decir no entenderlo como un inmóvil, sino como una realidad dinámica.




3.    El hombre  y el mundo

En la construcción de una concepción del mundo, Teilhard de Chardin, paleontólogo, solo podía basarse en el hecho histórico de la evolución, y no le era dada otra posibilidad. Para él, el mundo se nos presenta no solo como un sistema en movimiento, sino como un sistema de devenir en un desarrollo[21]. En su ser más profundo el mundo representa un sistema orgánico-dinámico  en via de interiorización, como un ascenso de la materia hacia la vida y de la vida hacia el espíritu.

En este desarrollo  juega  un  rol  importante el ser humano. Para Teilhard, el hombre y la tierra no se pueden considerar separadamente. Fenomenológicamente, somos una parte, un aspecto del mundo y la expresión más perfecta de las fuerzas que actuan en este mundo.  En la concepción de Teilhard de Chardin el fenómeno humano tiene una importancia central para llegar a una comprensión exacta del mundo.  Toda la evolución se ha dirigido hacia el hombre, siendo este su vértice y su corona. Solo desde este punto de vista será posible comprender el mundo en su esencia más profunda.[22]

En conclusión, la base de la concepción del mundo de Teilhard de Chardin es clara: el universo se presenta al observador como un fenómeno continuo a cuatro dimensiones que se extienden en el espacio y en el tiempo como un todo orgánico y coherente en evolución, y que se revela de una  manera plena y perfectamente en el hombre.[23]

4.    Dios  y el Universo

Ante  esta realización  fenomenológica,  podríamos  desde ya esbozar la  relación que  en su pensamiento  tienen  Dios  y un  mundo en evolución.  Ya  implícitamente  se  ha respondido a  esta pregunta en la  presentación  que hemos hecho de la  concepción  de  camino  convergente  en  un punto  determinante de todas las  realidades  creadas. 

La  creación  es un  hecho  que  en su pensamiento  no  parte de una  concepción  estática del  mundo,  sino dinámica.  La  intervención   de   la  imagen  de una  fuerza que  sostiene el ser,  y dirige el rumbo de las realidades  existentes  hacia un punto  convergente (ω) es perfectamente  compatible con su pensamiento,  de hecho  se encuentra   en   su  mas  profunda  savia.  Ahora  bien,  el punto  principal de interferencia  entre  Dios  y el Mundo ( en su totalidad) está, para el creyente,  en la persona de Cristo.[24]  Por tanto las  relaciones entre trascendencia  y facticidad  se concretan en el  acontecimiento  mismo de Jesucristo.  Es decir,  se hace  tarea  imprescindible  orientar la  cuestión  de la  relación  entre Dios y el mundo,  en la  relación  entre  Cristo  y el mundo.[25]    El P. Teilhard  tiene  esa  intuición, la  hace propia, la  concentra  y la elabora  en  su exposición  científica.

Sus  análisis   científicos,  en la línea de la  doble  vía   que   habíamos expuesto mas arriba,  lo  llevaron a la  convicción plena  de que la misma   Ciencia  por  la impotencias mismas de  su esfuerzo analítico, nos ha  enseñado que  en la dirección  en  donde las cosas se complican en la unidad,  debía  haber un centro supremo de  convergencia y consistencia, en el que todo se enlaza y en el cual  todo se liga[26].   Esa   búsqueda  del centro de sentido, por la vía de las conclusiones de la   ciencia  empírica  concebida desde una perspectiva  holística  se  halla  en la persona de Cristo:

Gocemos (el término nos es demasiado  fuerte) observando como Jesucristo, por su moral mas  fundamental y sus atributos mas seguros,  viene a llenar admirablemente este vacío  marcado  por la espera de toda  la naturaleza.[27]


Esta  observación de la persona de Cristo  en  cuanto a  sus  enseñanzas (su  moral)  y   su  ontología (atributos)  como  eje convergente del  universo, el Padre Teilhard la presenta en los siguientes términos:
En  cuanto a  su moral:

Jesús nos predica la pureza, la caridad, la abnegación. ¿Pero  cuál  es  el esfuerzo  específico de la pureza, sino la  concentración y  la sublimación de  las  potencias múltiples del alma, la unificación del hombre en sí mismo? y a  su vez,  ¿ qué realiza la caridad , sino la fusión de los individuos múltiples en un solo cuerpo  y una sola  alma, la unificación de los hombres entre Sí?, y, en fin, ¿ qué representa la  abnegación  cristiana  sino la desconcentración de cada  hombre a favor de un Ser   más  perfecto y más  amado,  la   unificación  de  todo en uno?[28]

En  cuanto a su ontología:

¿Y  qué es el propio  Cristo? […] Cristo  no es  un accesorio  sobreañadido al Mundo, un  ornamento, un rey como el que nosotros  hacemos,  un propietario…  Es el  alfa y la Omega, el principio y el fin,  la  piedra del  fundamento  y la clave de la bóveda, la Plenitud y lo Plenificante.  Él  es quien  consume  y quién da  a todo  su consistencia[29].

Ante  esta perspectiva  unificante,  el  dominio  esencialmente  analítico de la Ciencia  y el ultrasintético de  la Religión,   no encuentra  oposición  alguna,  sino que desde  su punto de vista   se  constituyen  en un proyecto unificante,  en  un  punto de convergencia  que  tocando las  orillas  de lo  contingente y lo necesario  pretende explicar  el complejo de la realidad del  Cosmos y del universo ante el cual el Hombre es   observador y corona.








Capítulo III
Himno del Universo: Entre la filosofía y el Sacramento


La universalidad sobre la cual expone y vive la experiencia del llamado «Himno del Universo», hace de Teilhard uno de los mejores interpretes de una ciencia moderna, que conjugada con la teología clásica, nos deja entrever que Dios baja y no se confunde, que Dios ama y no se equivoca, que Dios asume nuestra naturaleza humana en Jesucristo su Hijo amado, para hacer de la tierra donde habitamos, «una fuente», un «cáliz», una «savia», un «fruto».[30]

El trabajo «fenomenológico» de Teilhard quiere ser una filosofía y una metafísica. Su evolución se presenta como una transformación creadora. ¿Qué es evolución humana y qué es evolución cósmica? Para Teilhard el universo está en un estado de evolución cósmica de la que la evolución humana es parte integral. Ahora bien, la evolución cósmica es consecuencia de un dinamismo intrínseco de la naturaleza, que se desarrolla desde las más simples partículas materiales, a través de los seres vivos (biosfera), a la dimensión constante del hombre (noosfera), a lo largo de la línea de complejidad-conciencia.

El interior de la materia está ligado a la complejidad, y esta a su vez, está relacionada con la «centralidad», que es una característica de la misma materia. Las dos, «complejidad» y «centralidad», constituyen la capacidad  de integración de los elementos en un sistema de unidad, a mayor «complejidad», mayor «interioridad», mayor «conciencia». Es decir, el grado de conciencia aumenta al tiempo que aumenta el grado de complejidad y centricidad [31].

En el fondo, de alguna manera, de alguna manera, no deben haber actuado en el mundo más que una energía única. Y la primera idea que nos viene a la mente es la de representarnos el “alma” como un foco de transmutación, hacia el cual, a través de todas las avenidas de la naturaleza, la fuerza convergería para interiorizarse y sublimarse en belleza y en verdad [32].


Teilhard rechaza todo dualismo materia-espíritu y presenta un concepto de materia que incluye en sí mismo una dimensión espiritual. Su concepción de la materia no parte de la consideración de las partículas más elementales de está, sino desde la evidencia de la conciencia que el hombre tiene de ella. El hombre es el centro de esta comprensión, es decir, él posee en plenitud la conciencia de ser materia «auto-conciencia», la cual a su vez no está presente en los otros seres; esto lo lleva a proponer que hay un «interior» de la materia, además de un «exterior», cuya naturaleza y funcionamiento es el objeto de las ciencias experimentales.

A este doble carácter de la materia (interior y exterior) corresponden también dos tipos de energía la «tangencial» y la «radial», La primera es la energía física, común; la segunda, es la responsable de que se de la convergencia de la evolución de la materia en la línea de una mayor complejidad y una mayor conciencia, esta es la más importante para Teilhard, por que produce la «energía espiritual», por la cual se «aumenta» en el proceso evolutivo a una mayor conciencia de «ser» y «estar en el Universo[33].

La materia para Teilhard tiene un dinamismo interno, por el cual por la línea de la complejidad la evolución procede, llegando a sistemas más complejos; desde el universo primitivo, formado por partículas elementales, a átomos, y de estos a moléculas; de allí la vida-conservando siempre la línea complejidad-conciencia, y de allí a los animales unicelulares a los mamíferos y dentro de ellos a los primates, en los que el cerebro adquiere un mayor desarrollo de complejidad.


La dimensión espiritual, crece a medida que crece la línea de complejidad, esto es, por la jerarquía de las formas de la materia. Al nivel más bajo se sitúa la materia más primitiva, y al más alto la materia con grado de espiritualización; el primero lleva a la disgregación de la materia, y el segundo a la unificación «complejidad-centricidad».  Aquí aparece la dimensión de la «Noosfera», propia del hombre, corona de todo el proceso.

La noosfera, implica la libertad humana, esta a su vez debe darse a nivel planetario y a nivel cósmico; el primer nivel es el del «amor», por el cual se llega a una afinidad mutua interna, que permite amar a los otros, e irradiar la fuerza del cosmos en una única unidad de paz.  El padre Teilhard escribe al respecto:

Primero, en la acción me adhiero al poder creador de Dios; coincido con él; me convierto no solo en su instrumento por el amor, sino en su prolongación viviente. Y como en un ser no hay nada más íntimo que su voluntad, en cierta manera me confundo, por mi corazón, con el propio corazón de Dios. Este contacto es perpetuo, puesto que actúo siempre; y a la vez, como no sabría hallar límite a la perfección de mi fidelidad, ni al fervor de mi intención, me permite asimilarme indefinidamente a Dios, cada vez más estrechamente[34].


En esta misma  línea de «complejidad-conciencia», el punto de convergencia en el que se realiza la unificación de la noosfera y en el que encuentra su culminación, es en el punto Omega, que es el mismo «hiper-personal», llamado más adelante «trascendente», que es algo así como un polo a tierra que atrae consigo toda la dispersión del cosmos, y la concentra en una «unidad-creadora», que es identificada en Teilhard con Dios[35].

Este punto Omega personal y trascendente, no es un foco pasivo, es un polo activo, que posibilita la convergencia final del universo al nivel de la noosfera, como evolución humana. Este estadio de evolución humana-cósmica, se produce por lo que llamó Teilhard «socialización», es decir, la humanidad progresa hacia una cierta unidad o se disgrega en una multiplicidad. Esta doble dirección corresponde a la espiritualización o la materialización. La primera siempre será un avance, la segunda un retroceso, entre uno y el otro, se necesita una atracción un «Alguien», que por una cierta fuerza atractiva realice la unificación final de todas las conciencias.

Teilhard identifica a Cristo con el punto Omega del universo; en la evolución misma ya se ha hecho presente Cristo mismo, él estaba desde la fundación del mundo, él es el polo de convergencia del universo, todas las cosas se identifican con él-las materiales y las espirituales-, en consecuencia Cristo no es un extranjero en el mundo, sino el verdadero punto de convergencia.

La destinación a Cristo es un favor inesperado y gratuito del creador. Sigue siendo cierto que la encarnación ha refundido tan bien el universo en lo sobrenatural, que, hablando concretamente, ya no podemos buscar, ni imaginar, hacia qué Centro hubiesen gravitado, sin la elevación a la gracia, los elementos de este mundo. En el mundo presente no existe, físicamente, más que un único dinamismo; aquel que lo vincula todo a Jesús; Cristo es el lugar al que tienden y se segregan las porciones logradas, vivientes, elegidas, del cosmos. En él, “Plenitud del Universo”, omnia creantur porque omnia uniuntur. ¡Esos son los términos mismos de la unión creadora! [36].

Siguiendo la línea de esta interpretación la cosmogénesis de la evolución se convierte en lo que Teilhard llama una «Cristogénesis», al identificar el polo de convergencia de toda la evolución con Cristo encarnado. La unidad de los hombres y a través de ellos de todo el universo en Cristo constiyuyen lo que él llama el «Cristo total» o «Cristo Cósmico». Lo que  denomina como  «Misa Universal», se puede entender como la conjugación del elemento «tierra», con el elemento «sacramentum»,  signo por el cual Dios se hace presente y visible para todos.

Ahora, Señor, por medio de la consagración del mundo, el resplandor y el perfume que flotan en el universo, adquieren para mí, cuerpo y rostro en Ti. Lo que entrevía mi pensamiento indeciso, lo que reclama mi corazón en aras de un deseo inverosímil, me lo das Tú magníficamente: Que las criaturas sean no sólo de tal modo solidarias entre sí, que ninguna pueda existir sin todas las demás que deben rodearla, sino que estén de tal forma suspendidas en un mismo centro real, que una verdadera vida, sufrida en común, les proporcione en definitiva, su consistencia y su unión[37].


La idea generada en su Himno del Universo, se resume por un lado en la muestra que el padre Teilhard hace del Cristo de la mística cristiana-El consumador- y por otro lado se nos depara el polo cósmico, postulado por la ciencia moderna y exigido por el nuevo conocimiento del mundo; además muestra la plena correspondencia, entre una humanidad que tomará conciencia y un cosmos que se abrirá todo a la dimensión del espíritu-en la Parusía- como adelanto de la regeneración que todo sufrirá con la segunda venida de Cristo.

Me abandono irremisiblemente, oh Dios mío, a la tremenda empresa de desilusión que sustituirá hoy, así quiero creerlo ciegamente, mi estrecha personalidad a tu Divina presencia. A quién haya amado apasionadamente a Jesús, oculto en las fuerzas que hacen morir a la tierra, la tierra desfalleciendo lo apretará en sus brazos gigantes y con ella se despertará en el seno de Dios[38].

   



Capítulo IV

Cristificación del universo:

Del fenómeno humano al medio divino

Entre: «complejidad-conciencia» y «Amor sublime y Universal»



Siendo muchos los escritos del padre Teilhard, quisiera detenerme en los que han llamado sus dos principales y fundamentales momentos de su pensamiento. «Si el fenómeno humano representa esencialmente el cerebro de la construcción teilhardiana del Universo, el medio divino representa su corazón».[39]

Fenómeno humano y Medio Divino dos orillas de un mismo río, por donde pasan, génesis del universo, tierra en aparición, formación de las especies, hombre como centro y producto «único» de este proceso científico; Amor transformante y universal, «polo de atracción», humanidad «en y hacia-Cristo«, «todos en el Todo», «fuerza espiritual de la materia», «parusía y gran comunión»; términos, todos de un Jesuita que combinó la ciencia en su método empírico-teórico con su fe «libre y obediente». «En una palabra, por innovadora que sea, la obra del padre Teilhard hay que situarla en la línea de la espiritualidad ignaciana: Es una prolongación de la Comtemplatio ad amorem. Jesuita fiel y convencido, Teilhard seguirá siéndolo toda la vida» [40].

 

Lo escribió entre junio de 1938 y junio de 1940, luego entre 1947 y 1948 lo revisó y completó. Es un análisis fundamentalmente científico y teórico-práctico de aquello que apasionó tanto a Teilhard, «la trama del universo»[41]. Allí se expone con mirada altamente científica todo el proceso de formación del universo, su desarrollo, la aparición del hombre, y su invaluable entronque –término teilhariano- «complejidad-conciencia».









La primera es que, con toda hipótesis y por solitario que haya aparecido, el hombre emergió de un tanteo general de la tierra. Nació, en línea directa, de un esfuerzo total de la vida. He aquí la dignidad supraeminente y el valor axial de nuestra especie. No nos es necesario, en el fondo, saber nada más como satisfacción de nuestra inteligencia y para las exigencias de nuestra acción[48].

Finalmente, Teilhard hace un tanteo aproximativo desde la ciencia a lo que es su sello personal, y que definirá de manera amplia en el Medio Divino, esto es la implicación del «Amor- Energía», en la organización de una creación del universo que necesita de una «revelación suprema», para superar todas sus dudas y problemas. Este «Amor-Energía» es un hacia y adelante, donde todo confluye, todo tiene su principio y todo tendrá su fin; es el punto Alfa y Omega del cual la humanidad entera «pende» al estilo de las manecillas del reloj, con la diferencia de que aquí se tiende en-hacia-adelante con libertad y responsabilidad, hasta llegar al «alma» de la operación definitiva, en donde todo será «todo en todos». Materia transformada en energía espiritual de donde emana el bien y la paz para los pueblos, Jesucristo, Hijo de Dios Encarnado[49].


El hecho de esta segunda obra es aún mucho más criticada por sus contemporáneos  y todavía  hoy por filósofos y físicos de la ciencia:

Paradójicamente, yo estaría tentado de decir que lo que se habría de reprochar a Teilhard no es no ser filósofo, sino tener a veces la apariencia de serlo demasiado (y, sin duda, mal). Hay sin duda en Teilhard una doble experiencia mística. La experiencia cristiana, inmensamente válida, y la experiencia cósmica a la que él llama “el sentido de la tierra[50].

El medio Divino es una compilación de aquello que como científico y sacerdote, Teilhard debía decirle a las generaciones futuras; escrito en plana madurez de su vida (1934-1942), en donde después de una basta experiencia subraya con plena lucidez y competencia:

Lo que estas páginas proponen y encierran es sólo una actitud práctica, o, más exactamente acaso, una educación de los ojos. No discutamos ¿queréis? Pero situaos, como yo, aquí y mirad. Desde este punto privilegiado que no es la cima difícil reservada a ciertos elegidos, sino la plataforma firme construida por dos mil años de experiencia cristiana, veréis con toda sencillez, operarse la conjunción de los dos astros cuya atracción diversa desorganiza vuestra fe. Sin confusiones, sin mezclas, Dios, el verdadero Dios cristiano, invadirá ante vuestros ojos el Universo[51].

Resulta claro en Teilhard, la vinculación que hace de la investigación antropológica y cristológica; la «convergencia –conciencia», no es más que la referencia al «Centro –Universal», que a su vez es energía en vía de «reflexión sobre sí misma», formando un principio generador «motor», por el cual todas las cosas son. Omega no es un centro virtual; es un centro real y existente, hacia el cual todas las cosas deben «converger»; la «Cristogénesis», es el comienzo y fin de toda obra creadora.[52]

Lo anterior contiene quizá, el germen de una revolución filosófica-científica de gran trascendencia, su principio de «hominización», antes planteado queda «acaparado» en una «fuerza energética» abierta al mundo, por la cual todo es «armonizado» y pensado, siempre y cuando el hombre, sujeto principal de la creación, se disponga por la «acción-comunión», a perfeccionar con su esfuerzo humano toda pasividad, hallada en el universo mismo, «transformando toda materia humana en una materia Divina, en virtud de la cual la interligazón Materia-Alma-Cristo, hagamos lo que hagamos, nos reporte siempre a Dios».[53]

Es clara la referencia que atraviesa todo el libro, el Amor, este es el principio totalizador de toda energía humana; el despertar de la conciencia sólo se lograra en la «ligazón» que produzca la materia con el espíritu, «ligazón» a su vez compleja y tendenciosa, pues si no se «divinizan» las cosas -las de la materia- no se logrará crear en la «conciencia» una espiral «ascendente», pues lo contrario es «descender» en condición de pecado y miseria... «de fracaso».[54]

Este Amor en su universalidad, supera el tiempo y el espacio, vence la muerte y el pecado, nos hace plenitud y unidad con Dios que es el mismo y más puro Amor. La unión con esa Providencia eficaz y santificante, «depura» toda energía maléfica, y nos hace en estados de «espiritualización gradual», aspirar siempre – como los santos- a esa unión indefectible con el Dios creador y cósmico:

Energía de mi Señor, Fuerza irresistible y viviente, puesto que de nosotros dos Tú eres infinitamente el más fuerte, a ti es a quien compete el papel de quemarme en la unión que ha de fundirnos juntos. Dame todavía algo más precioso que la gracia por la que todos los fieles te ruegan. No basta con que muera comulgando. Enséñame a comulgar muriendo[55].

    



Conclusión


Es impresionante comprobar cuán próximos están los términos científicos y metodológicos del Padre Teilhard, con los de la época; su paso por el sacerdote y el científico nos han dejado ver la agudeza de un pensamiento que supera las barreras de lo fáctico, y nos introduce a manera de una muy original fenomenología a la comprensión del  universo y su mundo.

Teilhard, afirma que es absolutamente al hombre a quien hay que consultar para estar informado acerca de él mismo; e incluso piensa que es al hombre a quien hay que consultar para comprender el universo. Es una visión antropocéntrica, que le devuelve, el carácter de importancia al protagonista principal del universo y su materia. No es el hombre una materia más, diría, es la materia de materia, elevada a la potencia de quien incluso superándola puede avanzar a estados más desarrollados, estos son, los del espíritu.

La «complejidad-conciencia», es el método empírico-trascendental, adoptado por Teilhard, en el que conjuga lo que de origen y desarrollo somos en las distintas etapas del universo, llegando por la conciencia en su estado de desarrollo máximo a poseer el universo, no como una propiedad, sino como un préstamo, al cual hay que cuidar, amar, servir; porque «amando, sirviendo, cuidando» el universo, perpetuamos la obra inmensa del creador.

Sus estudios geológicos, paleontológicos, astronómicos, nos sitúan frente al reto de las ciencias, que en su método empírico-positivista, quieren agotar el discurso de la generación del mismo universo y la materia; no obstante Teilhard muestra que se puede llegar más allá sin obstruir la ciencia, se puede mirar hacia delante, incluso superando estados tan degradantes como el pecado y la desigualdad de los pueblos, causa de este primero. En el ir en-hacia-adelante, esta la visión no solo del Santo que lo es por sus virtudes terrenales, sino la de todos que de una u otra manera participamos del bautismo universal que Dios le ha dado a la tierra con la entrega de su Hijo Jesucristo en la Cruz.

En el Amor se produce la comprensión más universal del cosmos; el punto Alfa y Omega son punto de partida y de llegada de un fenómeno que no sólo es natural, sino Divino; es el proyecto de Dios creando y llevando a término su obra, que continúa en nosotros, y que en nosotros debe adquirir plenitud y consistencia. La evolución cósmica debe converger hacia un punto en donde todo sea en todo, esto es, Jesucristo El Señor.

Teilhard como ninguno en un momento privilegiado de la historia (mitad del siglo XX), propone un acercamiento diáfano y veraz entre ciencia y fe; es el resurgir y poner en práctica aquello que Santo Tomás llamó las dos alas de un mismo espíritu; acercar fe y razón, religión y ciencia fue un trabajo ingente, de alguien que como científico y sacerdote entendió -quizás- antes que los mismos del concilio Vaticano II, que dialogar como cristianos en este mundo moderno, necesita de una muy clara concepción del cosmos y sus misterios, del mundo y su desarrollo, del hombre y su conciencia.



 

 

 

Bibliografía



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Domenach, J-M., Teilhard de Chardin y el personalismo, España, 1967.
Galleni, L., Ciencia y Teología, propuestas para una síntesis fecunda, Buenos
                      Aires, 2007.
La Fay, G., Teilhard de Chardin. Síntesis de su pensamiento, España, 1967.
Meinvielle, J., Teilhard de Chardin, o la religión de la evolución, Buenos Aires  
                           1965.
Teilhard  De Chardin, P., El fenómeno humano, Madrid, 1967.
———,Pensamientos escogidos, Madrid  1967
­­­­­­———, Ciencia  y Cristo, Taurus, Colección  ensayistas de Hoy, Madrid 1968
———, El Medio Divino, Madrid, 1967.
———, El Porvenir del Hombre, Madrid, 1967.
———, Escritos en tiempo de guerra, Madrid, 1967.
———, Himno del Universo, Madrid, 1967.
Wildiers, N. M.,  Introduzione a Teilhard de Chardin, Bompiani, Milano 1964





[1] Teilhard De Chardin, P., El Medio Divino, Madrid 1967, 21.
[2] Teilhard De Chardin, P., El fenómeno humano, Madrid  1967
[3] Teilhard De Chardin, P., Himno del Universo, Madrid  1967, 2
[4] «Desde hace cincuenta años, lanzados al azar, sacerdotes-investigadores y sacerdotes-obreros, han sentido como yo, y más o menos como yo, y cada uno por su cuenta ha intentado resolver el problema»: G. La Fay, Teilhard de Chardin. Síntesis de su pensamiento, 19.
[5]Teilhard De Chardin, P., El medio divino..., 119
[6] Teilhard  De Chardin, P., Pensamientos escogidos, Madrid  1967, 22
[7] Teilhard  De Chardin, El medio divino..., 106.
[8] Teilhard  De Chardin, P.,  Pensamientos escogidos..., 135.
[9] La Fay, G., Teilhard de Chardin. Síntesis de su pensamiento, España 1967 ,17
[10] Galleni, L., Ciencia y teología. Propuestas para una síntesis fecunda, Buenos Aires 2007, 19.
[11] Teilhard De Chardin, P., El fenómeno humano..., 357-358
[12] Teilhard De Chardin, P.,  La Vida Cósmica, 5
[13] Galleni, L., Ciencia y teología..., 20

[14] Galleni L., Ciencia y teología..., 102
[15] TEILHARD DE CHARDIN P., Ciencia  y Cristo, Taurus, Colección  ensayistas de Hoy, Madrid 1968, 43
[16] ibid
[17]  Wildiers, N. M.,  Introduzione a Teilhard di Chardin, Bompiani, Milano 1964, 28

[18] Ibíd., 29
[19] Ibíd., 31
[20] Ibid., 32
[21] Ibíd., 41
[22] Ibid., 42
[23] Ibíd., 43
[24] TEILHARD DE CHARDIN P., Ciencia  y Cristo ..., 24
[25] Ibid
[26] Ibid
[27] Ibid, 56
[28] Ibid
[29] Ibid., 57
[30] Teilhard  De Chardin, P., Himno del universo...,17.
[31] Ibid.,  313.
[32] Teilhard  De Chardin, P., El fenómeno humano..., 81
[33]  Ibid.,   80.
[34] Ibid.,   51
[35] Ibid.,   211-212
[36] Teilhard  De Chardin, P., Escritos del tiempo de guerra, Madrid 1967, 242
[37] Teilhard  De Chardin, P., Himno del Universo..., 23
[38] Ibid.,  30-31
[39] Teilhard  De Chardin, P.,  El Medio Divino..., 18.
[40] C. Cuénot, Pierre Teilhard de Chardin. Las grandes etapas de su evolución, Madrid 1967, 40
[41] Teilhard  De Chardin, P.,  El fenómeno Humano..., 53
[42] Ibid.,  57
[43] Ibid.,  55
[44] Ibid.,  57
[45] Ibid.,  70
[46] Ibid.,  73
[47] Ibid.,  200
[48] Ibid.,  229
[49] Teilhard  De Chardin, P., El fenómeno humano..., 356
[50] Domenach, J-M., Teilhard de Chardin y el personalismo, España 1967, 57
[51] Teilhard  De Chardin, P., El medio Divino..., 31
[52] Ibid.,  44.
[53] Ibid.,  50.
[54]  Ibid.,  83.
[55] Ibid.,  87.